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¿Y si Iberia fuera la solución para España y Portugal?

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Tras la visita al Papa, el primer viaje al extranjero de los Reyes Felipe y Letizia fue al país vecino.

La posibilidad de superar históricas desconfianzas para afrontar juntos algunos de los retos futuros sigue siendo motivo de estudio y discusión a ambos lados de la frontera.

Ya se ha constituido un movimiento político que aspira a presentarse en las generales de 2015 en ambos países pidiendo la unión.

El rey Felipe VI firma en presencia de la reina Letizia junto al presidente de Portugal Anibal Cavaco Silva y su esposa Maria Cavaco / Getty

El rey Felipe VI firma en presencia de la reina Letizia junto al presidente de Portugal Anibal Cavaco Silva y su esposa Maria Cavaco / Getty

Los 600 kilómetros que median entre Lisboa y Madrid no son siempre los mismos. La distancia entre las capitales de Portugal y España contabiliza una extensión que unas veces une y otras separa. Ya lo advirtió Einstein: el tiempo y la distancia son relativos. Lo cierto es que la proximidad y la lejanía de estos dos países varía en función de la época histórica y del signo político a ambos lados de la frontera, aterrizando en actividades tan pasionales como el fútbol y en infraestructuras clave como el tren de alta velocidad. España y Portugal no siempre suman Iberia que, en todo caso, se trata de un concepto de grado, en un maremágnum de apellidos varios, donde los de Mourinho y Saramago son tan solo la punta de un iceberg con mucha solera.

El actual entrenador del Chelsea inglés ha sido uno de los últimos en azuzar las relaciones entre ambos Estados, en su caso para añadir distancia. "En España cuando te dicen 'hijo de puta portugués' es un sentimiento profundo, de auténtico odio. Realmente lo piensan", afirmó recientemente José Mourinho a The Guardian, recordando sus tres años al frente del Real Madrid. El fútbol es un foro propicio para el debate en torno al binomio España-Portugal. El deporte rey genera odios pero también amores, pues la prensa lusa refleja con relativa frecuencia opiniones a favor de un campeonato ibérico que intensifique y dificulte la competencia entre los tres clubes que año sí y año también se disputan la Primeira Liga: Benfica, Oporto y Sporting de Lisboa.

El sueño de Saramago

Los 1.214 kilómetros que delimitan ambos países también son relativos, empezando por el nombre: La Raya o A Raia, según en qué lado de la línea se pregunte. Todavía con puntos sin definir, se trata de una de las fronteras más permeables de Europa. Lo explica el historiador César Rina, experto en el iberismo del siglo XIX: "Existen tratados históricos pero son puntuales y variables. No es hasta 1864 cuando se firma el acuerdo final", en cursiva porque Portugal sigue sin dar por perdido por ejemplo el municipio de Olivenza, lo que ha llevado a la CIA a considerarlo "zona de conflicto internacional", tal y como figura en The World Factbook. La frontera esconde otros rincones como el de Barrancos, histórico refugio de republicanos exiliados del franquismo, que la raigambre española ha convertido en el único municipio luso donde se permite matar al toro en la plaza, pues en Portugal el astado no muere en la arena.

"Un estremecimiento de horror cruzó la península entera y toda la cercana Europa. La primera grieta apareció en una gran laja natural, lisa como la mesa de los vientos". Un abismo repentino a lo largo y ancho de los Pirineos provoca la separación física de la Península Ibérica, que se aleja de Europa flotando en el océano Atlántico. Es el debate ibérico vestido de literatura, la del Premio Nobel José Saramago (y su obra La balsa de piedra), quien defendía que los pueblos peninsulares debían hacer un gran esfuerzo de entendimiento mutuo para resistir las presiones de la cultura europea y, en concreto, las directrices de los tres países dominantes: Alemania, Francia e Inglaterra. El literato portugués profetizó que Portugal sería una comunidad autónoma al uso, junto a Extremadura, Andalucía, La Rioja y otras tantas, de un nuevo país llamado Iberia, para no ofender a ninguna de las partes.

El Banco Central Ibérico

El sentir de Iberia ha sido recogido en términos prácticos por el Movimiento Partido Ibérico (MPI), la iniciativa fundada en febrero de 2012 que aspira a convertirse en partidos políticos (uno a cada lado) para las elecciones presidenciales que ambos países prevén celebrar en 2015. "Existimos para, como mínimo, tener el éxito suficiente de llegar con al menos un diputado en ambos Congresos. Después la meta no es otra que establecer un Gobierno compartido", afirma a ZoomNews su fundador, el portugués Paulo Gonçalves, quien confiesa tener más apoyo de la parte española.

Gonçalves rehúsa situar ideológicamente su propuesta ("nuestra familia no es de izquierdas o derechas, de arriba o de abajo, sino de Portugal y España"), aunque de forma nostálgica sí admite identificarse con el iberismo "puesto en marcha del 7 de junio de 1495 con el Tratado de Tordesillas, donde Portugal y España, más allá de las diferencias, supieron hacer algo que habría de moldear el mundo para siempre. Eso no quiere decir que seamos imperialistas o expansionistas".

Para lograr la confederación ibérica, el MPI propone la creación de un Banco Central Ibérico con un gobernador español y otro portugués, el establecimiento de una comunidad económica de Iberia (con casi 58 millones de habitantes, muy cerca del Reino Unido -63 millones-) con preferencias hacia América Latina y los Palops (países africanos cuya lengua oficial es el portugués), un sistema de salud conjunto, la unión no solamente bancaria sino también fiscal con organismos de control únicos, y la fusión de varios ministerios con un titular de cada país compartiendo Cartera (quedarían excluidos los de Justicia, Defensa e Interior).

La bandera del federalismo iberista no es nueva en el actual panorama político español, ya que Izquierda Republicana, considerados los herederos del partido fundado por Manuel Azaña en 1934 y actualmente integrados en IU, también lo defiende. Tampoco el anarquismo ha renunciado nunca al iberismo, tal y como recuerdan sus siglas FAI (Federación Anarquista Ibérica).

El caldo de cultivo popular afín a Iberia es creciente, según señala el Barómetro de Opinión Hipano-Luso, elaborado por el Centro de Análisis Sociales de la Universidad de Salamanca, con el apoyo del Instituto Universitario de Lisboa. La tendencia a favor de una hipotética unión de los dos Estados fue en aumento durante los tres años que duró el estudio, hasta alcanzar en 2011 al 46,1 por ciento de los portugueses y al 39,8 por ciento de los españoles.

 

Noticia original en www.zoomnews.es

 
 
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